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teologÍa

1. La teología actual, en conformidad con la fe tradicional del pueblo de Dios, pone de relieve ciertos aspectos de la Memoria Passionis menos acentuados en el pasado. Como en otras épocas de la historia, también en la nuestra «los signos de los tiempos» nos permiten crecer en el conocimiento de la fe, descubriendo mensajes nuevos en la revelación ya hecha.

2. La Memoria de la Pasión evoca hoy con énfasis especial la historia de Jesús de Nazaret, ungido por el Espíritu y enviado a anunciar a los pobres la buena nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Is 61,1-2; Lc 4,18-19).

3. El recuerdo del Crucificado viene asociado con la imagen del servidor fiel que consagró su vida hasta la muerte a una doble finalidad, al Dios de la vida, cuyo auténtico rostro reveló con obras y palabras; y al hombre necesitado, cuya defensa asumió también con palabras y con obras.

4. El recuerdo del Crucificado evoca la unidad indisoluble entre el culto verdadero al Padre y la práctica de la justicia hacia todos los hombres, especialmente hacia los más heridos por la injusticia y más impotentes ante los atropellos que reciben.

5. La unión indisoluble entre religión y justicia, proclamada en el monte de las bienaventuranzas, fue buena noticia para los pobres y escándalo para los que se habían adueñado del Templo, del Culto, de la Ley y de los Sacrificios (Mt 23).

6. Víctima de la malicia de los hombres, Jesús fue a la muerte obedeciendo a su Padre, quien de esa manera mostró su inmutable fidelidad a la causa del hombre, no retirándose de ella en los momentos del riesgo mortal de su Hijo (Jn 3,14; 13,1; Rom 8,32).

7. Por eso el Señor lo resucitó (Flp 2,8; Hch 2,32), constituyéndolo definitivamente en la vida, y asegurándole la victoria eterna para la causa por la que había vivido y por la que había muerto: la causa de Dios y la causa del hombre, que son una sola causa (Lc 10,25,37).

8. No siempre la Memoria Passionis llevó al descubrimiento de lo que nuestro Fundador reconoció como lo más importante cuando dijo: «La Pasión es la obra más grande y maravillosa del amor de Dios». Lamentablemente imágenes deformadas del Dios de Jesucristo surgieron en la conciencia de no pocos cristianos debido a una deficiente predicación de la Cruz (1Co 1,17).

9. La muerte ahorrada a Isaac (Gn 22,12) y no ahorrada a Jesús (Rm 8,32) coinciden en el mismo significado y en la misma revelación: el Dios de la vida no quiere la muerte del hombre, sino que tenga vida y la tenga en abundancia (Hb 5,10; Jn 10,18).

10. El Sínodo Extraordinario de los Obispos en 1985, recordando estos énfasis de la Teología actual, indicó pautas muy útiles para una Memoria Passionis dinamizadora de la Iglesia y renovadora de sus energías apostólicas: «Nos parece que en las dificultades actuales Dios quiere enseñarnos, de manera más profunda, el valor, la importancia y la centralidad de la Cruz de Jesucristo... Por ello no sólo se aceptan los valores verdaderamente humanos, sino que se defienden fuertemente: la dignidad de la persona humana, los derechos fundamentales de los hombres, la paz, la libertad de la opresión, de la miseria, de la injusticia». (II D 2-3).

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